OPINIÓN

Nunca más sin nosotras

El pasado domingo, desde ya muy temprano, se lograba sentir en el ambiente que esta vez sería diferente. No íbamos solas, las estaciones de metro estaban repletas y las micros iban desbordadas de rebeldía y convicción. Era, probablemente, la primera vez que no sentimos miedo de viajar apretadas en la locomoción colectiva, que no nos incomodó la masa, que no sentimos que debíamos proteger nuestros cuerpos. Algo ya nos decía que este Día Internacional de la Mujer Trabajadora marcaría un nuevo precedente en la historia de nuestras luchas reivindicativas.


Al llegar al punto de encuentro, la masividad de la marcha se podía visualizar claramente. La gran masa de mujeres no dejaba de fluir, como un gran río feminista que perdió el miedo a cualquier cosa que se le cruce en el camino, que cada vez toma más y más fuerza, con una clara certeza de que no se detendrá ante nada. 


Somos las mujeres, especialmente las del pueblo trabajador las que salimos a la calle este 8M y las que cada día nos enfrentamos a un sistema neoliberal. Además de conmemorar a aquellas valientes trabajadoras de una fábrica textil – asesinadas por hacer una huelga en 1857 –  alzamos la voz por las que cada día se ven enfrentadas a este sistema opresor, a un gobierno que no protege a las mujeres y a los trabajadores en general.


Ese mismo sistema económico es el que nos somete con sueldos inferiores al de los hombres que realizan el mismo trabajo y que criminaliza el hecho de decidir sobre nuestro propio cuerpo. Por eso es que decimos que somos doblemente oprimidas: por la explotación laboral y por la opresión de género. 

“En efecto, las mujeres estamos haciendo historia. No sólo por la tremenda convocatoria del pasado domingo, sino por estos cinco meses en que hemos estado movilizadas“


Con la revuelta popular de octubre, y sin olvidar el dolor de tantas y tantos chilenos golpeados, torturados y asesinados por parte de instituciones del Estado, reconocemos que se ha iniciado un proceso. Ha sido gracias a la lucha de todas y todos que hoy se nos presenta una oportunidad histórica, traducida en el llamado a plebiscito para el próximo 26 de abril, donde tendremos la opción de aprobar el inicio del proceso de redacción de una Nueva Constitución. Creemos que esto es necesario y lógico, puesto que la actual fue instaurada a sangre y fuego, en un proceso que incluyó la tortura y el asesinato de decenas de mujeres.


Este proceso constituyente es también la oportunidad de avanzar en las transformaciones sociales que las chilenas y chilenos merecemos. Acabar la carta fundamental que actualmente nos rige, es también comenzar a decir basta de abusos en otras áreas de la vida, como salud, vivienda, educación, pensiones, etc.

“Tendremos la opción de aprobar el inicio de un proceso constituyente. Esto es necesario, puesto que la actual Constitución fue instaurada en un proceso que incluyó la tortura y el asesinato de decenas de mujeres.“

En efecto, las mujeres estamos haciendo historia. No sólo por la tremenda convocatoria del pasado domingo, sino por estos cinco meses en que hemos estado movilizadas. Hemos empujado desde las calles mecanismos que hagan al proceso constituyente lo más democrático posible, como la paridad, y lo estamos logrando. Si logra ratificarse en 2021, Chile será el primer país del mundo cuya carta magna sea escrita por un órgano con igual cantidad de mujeres y hombres. 


De esta manera, seremos partícipes en forma plena y representativa en el proceso. Ahora, es importante recalcar que esto no ha sido un regalo o concesión, sino que es una victoria de las feministas que no hemos dejado de movilizarnos por nuestros derechos. Por supuesto que entendemos que con esto no se solucionan todos los problemas, pero sin dudas, generará condiciones más dignas y equitativas, permitiendo también mayores posibilidades para nuestras luchas futuras.


Y así, llenamos la Alameda, nos empoderamos, fuimos libres y estamos decididas a seguir luchando. Somos fuerza y poder, porque levantamos nuestras manos, para no dejarlas caer.


Somos históricas, por que mientras caminábamos en esa gigantesca y densa columna en que nos convertimos, fue imposible no traer a la memoria a tantas luchadoras y revolucionarias. Me refiero a mujeres imprescindibles como Teresa Flores, Elena Caffarena, Eulogia Román, Gladys Marín, Cecilia Magni o María Galindo, célebre dirigente sindical de Renca. Y así, tantas otras heroínas anónimas que se quedan en el tintero.


El pasado domingo nos convertimos en una sóla voz, quedado más que clara la unión, la fuerza y las ganas que tenemos de no parar. Sin dudas marcamos un gran precedente, por que el país aguantó el aliento cada vez que coreamos juntas “Nunca más sin nosotras“.

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