OPINIÓN

A propósito de pandemias: una mirada histórica

Hagamos un ejercicio: sitúate en la Atenas del año 430 antes de Cristo. Alrededor de la ciudad, muchas personas comienzan a sentir un fuerte calor en la cabeza y los ojos se les ponen colorados e hinchados; a algunos les sangra la lengua y la garganta. Dice el cronista que eso “producía un continuo estornudar; la voz se ponía ronca y producía una fuerte tos, con un dolor muy agudo. Y cuando la materia venía a las partes del corazón, provocaba un vómito de cólera, que los médicos llamaban apocatarsis” 


La cita corresponde al historiador Tucídides, en un relato maravilloso – a pesar de lo terrible de la descripción anterior – llamado La Guerra del Peloponeso. En él nos cuenta la historia de la guerra entre Esparta y Atenas, las ciudades más importantes de la época en pleno siglo V antes de Cristo, siglo también conocido como Siglo de Oro de Pericles. En ese contexto nos describió los síntomas de la gran peste que azotó a Atenas justo en medio del conflicto y que causó grandes bajas entre la población, incluido el propio Pericles. El impacto de la enfermedad fue tal que llevó a Atenas irremediablemente a la derrota. 


En este sentido, salta a la vista la primera lección:  no basta con vivir y creer que somos los mejores soldados,  también nosotros y nuestra comunidad deben estar sanos si queremos tener alguna posibilidad de ganar. Enfermos o sin el concurso de todos estamos condenados a perder. Pero Tucídides nos dejó algo más que peste, muerte, hoplitas y trirremes. También rescató una de las piezas de oratoria más bellas en la historia de Occidente. Nos referimos a la oración fúnebre, hecha por el mismísimo Pericles.  A propósito de todo lo que vivimos desde hace seis meses pero sobre todo de “cómo” lo vivimos, bien vale poner atención a sus palabras:

No basta con vivir y creer que somos los mejores soldados,  también nosotros y nuestra comunidad deben estar sanos si queremos tener alguna posibilidad de ganar.”


“En efecto, amamos el arte y la belleza sin desmedirnos, y cultivamos el saber sin ablandarnos. La riqueza representa para nosotros la oportunidad de realizar algo, y no un motivo para hablar con soberbia; y en cuanto a la pobreza, para nadie es una vergüenza asumirla, sino el no esforzarse por evitarla. Los individuos pueden ellos mismos ocuparse al mismo tiempo de sus asuntos privados y de los públicos; no por el hecho de que cada uno esté entregado a lo suyo, su conocimiento de las materias políticas es insuficiente. Somos los únicos que tenemos más por inútil que por tranquila a la persona que no participa en las tareas de la comunidad.”


En tiempos donde la solidaridad es el único seguro que tenemos los pobres, que potente suena esa última frase: “tenemos más por inútil que por tranquila a esa persona que no participa en las tareas de la comunidad”. A pesar de sus esfuerzos, Pericles no sobrevivió. Atenas, ‘la cuna de la democracia‘ como la llaman aún en los colegios, tampoco. Poco tiempo después de que pasó la peste, la ciudad sucumbió ante el militarismo Espartano, instaurándose un régimen oligárquico. No obstante, la semilla del modelo ateniense no pereció ahí. Siglos más tarde, inspiró el florecimiento de nuevas democracias a lo largo y ancho del mundo.

Curiosamente, parece estar por ahí la única solución al proceso que vivimos: ser útil y participar en las tareas que la comunidad exige y quedaron en puntos suspensivos antes de la llegada del virus. Tal vez tras sucesivos estallidos y pandemias todos colapsemos. Incluso siempre cabe la posibilidad de regresar sólo para ser derrotados, pero vale la pena dar esa pelea, por que ese “algo” que logremos contribuirá a que todo sea mejor. Ese proceso, sin duda, será capaz de inspirar a otros simplemente porque será nuestro, desde abajo, construido a pulso por todos los que decidimos dejar de ser inútiles y nos lanzamos a abrir otra vez las Grandes Alamedas. Ahora a cuidarse. Mañana, quizás pasado, la lucha sigue.

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