OPINIÓN

La Democracia en tiempos del Coronavirus

Como sociedad, hemos enfrentado múltiples tragedias en reiteradas ocasiones a través de nuestra historia. Pero enfrentarnos a una pandemia, con las características que ésta ha presentado, es para nuestra generación la primera vez. Esto se amplifica si consideramos el contexto social que tenemos hoy en Chile. La crisis es total, no sólo de salud, también económica, educacional, política y sobre todo social, como nunca habíamos experimentado.


Tenemos hoy un gobierno que no cuenta ni con respaldo ni con credibilidad de parte importante de la población, esto es claro y contundente. Nunca antes habíamos tenido un gobierno con los niveles de reprobación que éste ha tenido, más allá de lo que digan las encuestas amigas.


El año pasado, la sociedad movilizada expresó su descontento de forma decisiva. Desde todos los sectores sociales surgieron expresiones de rechazo a la desigualdad, al actual modelo político, económico y social abusivo, excluyente y segregador. Todos los gobiernos que siguieron a la dictadura hicieron oídos sordos, transformaron al país en una bomba de tiempo.


Nunca había visto protestas tan grandes, ni siquiera en ese entonces. Recuerdo que durante la dictadura hubo períodos de grandes jornadas de protestas, pero era un contexto distinto. Vivíamos bajo constantes toques de queda, sin Congreso, sin participación, ni política ni en organizaciones sociales, que eran fuertemente reprimidas. Entonces sobraban motivos para protestar, pero en una democracia, en un “oasis”, como declaraba el Presidente pocos días antes, eso era al principio casi inimaginable.


Y así pasó, a pesar de todo, y estuvieron contra las cuerdas. Tratando de ganar tiempo, apostaron a que con los meses de vacaciones la presión bajaría. Apareció más fuerte que nunca el “fantasma marzo”, donde todo se reactivaría. Justo cuando se reiniciaban las protestas, los salvó la campana.


Hoy tenemos 13.800 contagiados, casi 200 muertos y una tasa de nuevos infectados que se mantiene alrededor de los 350 por día. Hay un déficit de 1.400 ventiladores mecánicos, que según el presidente fueron comprados en Enero pero que de acuerdo al Ministro de Salud no llegarán y lo mejor es no contar con ellos. Así de confuso, así de mentirosos. Este es el nivel de compromiso de la máxima autoridad de nuestro país con la población.


En un escenario de crisis así es la oportunidad para que la ciudadanía, los vecinos de Renca, recobren su sentido de comunidad y compromiso colectivo. En el Chile actual eso no existe, lo que tenemos es una población fragmentada, una organización social sin un proyecto político definido, con una institucionalidad que no está adecuada para enfrentar crisis como la que hoy nos plantea un virus. El Estado tiene la responsabilidad de proteger la vida de las personas, pero hasta ahora no ha tomado las medidas necesarias para ello.


Varios gobiernos europeos ya están comprometiendo un 20% del producto interno bruto para hacer frente a la pandemia y sus consecuencias. Son varios los países que han paralizado toda su producción para salvar vidas. En Chile, si se llega al 6,5 o al 7% de inversión para hacer frente a la pandemia será mucho. Es la política de estado que está viendo cómo mantener capital para la actividad económica y no entrar en una recesión económica que perjudique los intereses de pequeños grupos económicos.


¿Qué nos queda entonces por hacer?


Lo primero es lo primero, cuidarnos. Facilitarnos la información y adoptar conductas que nos permitan aislar el virus y evitar su propagación. Esto implica conciencia y prevención, hacerse de los elementos de protección más económicos y que estén a nuestro alcance.

Lo segundo no dejarnos solos, no dejar solo al vecino la vecina que hoy se encuentra solo. Transformar el distanciamiento social en separación física, no lejanía con los otros u otras, no olvido que ésta pandemia se combate entre todos y todas, no solos. No dejarnos manipular por el temor o el miedo que algunos pretenden imponer para manejar las cosas en perspectiva y no en el bien común. Ya nos dirá la historia si este virus respondía a intereses de un grupo o fue una casualidad producto del azar.

Hoy más que nunca requerimos de mantenernos comunicados, de no olvidar la tarea auto impuesta de fortalecer nuestra institucionalidad democrática con participación real y no delegada. Hoy más que nunca requerimos de solidaridad, requerimos de convicción que ninguna pandemia, ni profecía nos conculcará nuestro derecho a vivir una vida digna y plena. Que el derecho a vivir feliz es, ha sido y seguirá siendo un derecho inalienable.

Eric Agurto Jiménez.

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