OPINIÓN

¿Podrá el Coronavirus acabar con la tiranía del mercado?

Tras cinco meses de haberse producido el levantamiento popular más importante que recuerde la historia (a partir del 18-O), el Coronavirus fue finalmente quien puso una breve pausa a las protestas. Esto no quiere decir que las movilizaciones se esfumen por completo de nuestro horizonte terrenal, sino por el contrario, lo que probablemente ocurra es que la pandemia reactive las protestas y refuerce la mirada crítica que ha venido construyendo el movimiento social sobre el sistema neoliberal. Por lo mismo, resulta razonable pensar si esta situación logrará hacer tambalear la tiranía del mercado en el país, y por qué no, a escala global.


Leí por estos días diversas opiniones sobre el efecto que podría provocar esta pandemia en el aparato económico de las naciones. Žižek por ahí habló del surgimiento de una “sociedad alternativa, una sociedad más allá del Estado nación, una sociedad que se actualice a sí misma en la forma de la solidaridad y de la cooperación global”.


Esta propuesta no es otra que la reinvención del comunismo, la cual debe asumir una posición de confianza en las personas y en la ciencia. Sin dudas parece una idea novedosa, pero presenta al menos un inconveniente. ¿Cómo es posible hablar de confianza si justamente el capitalismo se encargó de estimular esa desconfianza en los sujetos? ¿Es posible modelar algún tipo de credibilidad cuando la incertidumbre ha debilitado las certezas y ha acrecentado las diferencias?


Probablemente en Europa y bajo otros códigos culturales, la confianza sea una virtud practicada permanentemente por los individuos, pero no es menos cierto que son sociedades severamente golpeadas por la incertidumbre. Es más, en el último tiempo esa incertidumbre allanó el camino para el surgimiento de liderazgos de ultra-derecha, con discursos agresivos hacia los migrantes y hacia la diversidad, impidiendo restablecer una confianza colectiva. Estrategia política o no, ha logrado aceptación en las esferas políticas globales.


En este sentido recojo y entiendo la mirada pesimista de Byung-Chul Han, quien desestima la posibilidad que el COVID-19 termine con el capitalismo, tomando clara distancia de los dichos de Žižek. Sostiene el filósofo coreano que tras la pandemia, “el capitalismo continuará aún con más pujanza. La revolución viral no llegará a producirse y es posible que incluso nos llegue además a Occidente el Estado policial digital al estilo chino”.


Ciertamente tiene razón Han cuando advierte sobre la profundización de este Estado de vigilancia, pero conviene agregar que desde hace largo rato los servicios de inteligencia de las naciones más pujantes aceleraron la implementación de este tipo de controles. No olvidemos que varias naciones hoy utilizan el reconocimiento facial como mecanismo de apoyo a sus fuerzas seguridad, por ejemplo. Ese Estado policial al cual alude Han viene operando hace un tiempo en distintas partes del globo, siendo China unos de sus impulsores.


Si bien ambos intelectuales pueden diferir en sus apreciaciones de fondo, también coinciden en una cosa y es que están pensando en qué tipo de sociedad emergerá en el post-pandemia. El primero, propone un comunismo renovado y el segundo vaticina la consolidación de un Estado policial. Pues bien, yo concuerdo en que el Coronavirus provocará un cambio global y acentuará las críticas a la tiranía del mercado. Pero, ¿alcanzará para hacer posible la construcción de un nuevo paradigma sociopolítico?

El Coronavirus provocará un cambio global y acentuará las críticas a la tiranía del mercado. ¿Alcanzará para hacer posible la construcción de un nuevo paradigma social y político?

La pandemia ha desnudado el sometimiento en que nos ha sumido el capitalismo, aunque más agresivo y profundo en Chile que otros con un capitalismo más soft (pero capitalismo al fin y al cabo) El virus ha puesto en entredicho si este sistema económico es capaz de sortear la nueva volatilidad económica que se está produciendo, al punto que el FMI y el Banco Mundial ya hablan de una gran recesión a escala mundial.


Creemos que el Capital por sí solo no podrá salir airoso y como de costumbre, apelará al Estado para resolver sus contradicciones y seguir sosteniéndose. Pero el camino va por otro lado. La coyuntura económica y social empujada por el Coronavirus lleva a propuestas alternativas, como el crecimiento de un socialismo colaborativo, que ayude a generar un nuevo modelo de sociedad global.

Mientras los Estados latinoamericanos observan impávidos como sus programas de gobierno sufren alteraciones repentinas ante el avance del virus, proponer la instalación de un socialismo colaborativo puede generar incomodidad. Quizás ciertos tecnócratas se sentirán incómodos al leer la palabra socialismo, pero en un Chile pisoteado en su dignidad, conviene pensar en medidas políticas y sociales que den algún grado de esperanza a las naciones.


Una sociedad colaborativa que se guíe por principios de solidaridad, respeto por los derechos humanos, con sensibilidad social y que sea el principal gestor del restablecimiento de las confianzas, como señala Žižek, pero al margen de las directrices neoliberales.

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