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Miedo: el vínculo entre el dolor, la vida y la libertad

Desde el 3 de marzo, cuando se informa del primer caso de COVID-19 en Chile, a fecha de ayer se cumplen 93 días o tres meses exactos. Mas de alguno o alguna somos quienes llevamos un registro día tras días, copiando y pegando en una tablita de hoja de cálculo los datos, verdaderos o falsos, pero datos. Descargando las infografías municipales, que a lo largo de su corta pero abrumadora historia va cambiando de forma iconográfica o bien mutando en su representación visual de los datos.

Tres meses de cambios de protocolos en salud, de cambios en el discurso, de mutaciones en nuestras prácticas, de transmutación en las representaciones discursivas.

Las discusiones, parecieran ser un ring en donde se enfrentan dos fuerzas contrapuestas, pero que vienen de una misma cuna: el privilegio. Libertad (y defensa de esta) y nuevas maneras de entender nuestras prácticas somatopoliticas[1], para enfrentar el nuevo escenario restrictivo; o acato de las directrices gubernamentales y/u organismos internacionales como salvaguardo de vidas, con cuotas de control en nuestras singularidades anatómicas, devenir en sociales.

El denominador común de estos, pareciera ser la exclusión de los grupos marginados porque no tienen voz, y de los más privilegiados que pueden moldear estas reglas a su antojo. Por otra parte, la base de la discusión: política del miedo, biopolítica en algunos casos, tanatopolítica -necropolitica para las corrientes más nuevas- en otros casos, son una de las raíces sensitivas y lógicas más visibles a la hora de pararnos a reflexionar y discutir desde nuestros propios miedos.

¿Qué pesa más, la libertad o la vida? ¿Qué libertad? ¿En este mundo neoliberal tenemos realmente libertad? ¿Qué vidas, todas o simplemente las de nuestro alrededor? ¿Nuevamente estamos siendo mermados por el neoliberalismo y pensamos en nuestras libertades individuales, en tanto esparcimiento?, y respecto a pensar en la vida, ¿sólo de quienes nos rodean, como nuestra familia?

La reflexión en cuando al sufrimiento es una poderosa herramienta para visualizar el miedo y nuestras prácticas en torno a él. Entonces, pareciera ser, que el capitalismo no sólo ha calado con el neoliberalismo en tanto formas de estructuras en el mundo, sino en cómo se estructura nuestras relaciones de parentesco y/o afectivas con respecto a la sociedad. Nos hemos convertido en cuerpos maquínicos de un gran engranaje capitalista mundial integrado[2] y de eso a mí no me cabe duda.

Mi reflexión hoy es el miedo, como configuración de una antropología del dolor, el miedo al dolor; y una aproximación epistemológica del dolor, el miedo al sufrir por el dolor. Una episteme per se, de la práctica.

Entonces, tenemos este pequeño pero interesante video-reflexión del filósofo Roger-Pol Droit, quien habla justamente del miedo, del cómo sentir llevado a la práctica de manera individual, en el que ese sentir, es básicamente el cómo percibimos todo.

Aquí quizás haría una crítica marxista, de decir: bueno, está la practica individual para el resguardo propio, pero ¿dónde están las prácticas colectivas? y quizás, podríamos tomar este elemento del miedo, para hablar de estas prácticas colectivas, se me imagina ahora, por ejemplo, como actos de resistencia de ese miedo, del hambre, y por qué no decirlo también de gobierno(s) que no ha(n) sabido sobrellevar este contexto: ¿La olla social-común?

Para salir de la abstracción, ejemplificaré con el caso local del slogan mundial “Quédate en casa”, el cual desde un principio no se respetó y se sigue no respetando. Pero, fuera de eso, lo interesante aquí es analizar a quién va dirigido. Mi impresión es que intenta ser dirigido a todos. Sin embargo, a los que más tienen no lo acatan. Porque antes o después, el concepto de quédate en casa, para los que más tienen es amplio, pues tienen más de una casa y por tanto se rompe igualmente el objetivo de la campaña. Por ello se tuvo que modificar el relato, al menos para esta población, trasladando el “Quédate en casa” por un “Quédate en tu primera casa”.

Desde este punto de vista ya hay un componente de clase en tanto a la acción o la práctica de los individuos, como también la reacción al miedo. En los estratos más altos, tenemos que, per se, no hay reacción al miedo, sino que más bien una reacción al estrés de la situación. Entonces ya hay una relación de clase asimétrica.

Por otro lado, tenemos la pobreza “extrema” que tampoco responde al miedo, porque el miedo de estos es quedar sin casa, o morir de hambre en el intento de cuarentena. El traslado del slogan aquí es “Quédate en casa en la medida de lo posible”.

Otro ejemplo, es que tenemos el efecto de los malls, como un intento de reapertura, pero también de carga valórica super importante, porque, por un lado, tenemos una clase que se “recuperó” en sus clínicas cuando no había colapso, y por otro lado tenemos una clase, donde está recibiendo toda la consecuencia más feroz de esta situación ¿Cómo se ordena esto?

Tenemos a las clases acomodadas que no realizan una práctica desde el miedo a la pandemia, sino más bien el miedo a perder sus prácticas habituales en el contexto de pandemia, y aquí es donde rescato poderosamente el tema del miedo que comenta Roger-Pol Droit. Porque, ¿qué pasa en las clases más bajas? Pues que el mall, el retail, es su banco, entonces deben ir a pagar las cuentas, ya sea porque no les funciona el sencillito, el Sevipag o la caja vecina no tiene convenio con el banco Falabella y si con el Estado (recordemos la tasa de alfabetización en TICS).

Entonces, el miedo al contagio se transforma en el miedo a la deuda, al embargo, etc. De la misma forma que está ese miedo, también está la posibilidad de seguir consumiendo. Entonces tenemos una triada: deseo, miedo, capitalismo.

Desde mi percepción con todo lo que comento, no hay un cambio tal en las practicas singulares, tanto a nivel político-acción, como tampoco la hay a nivel de acción en sí misma; sino que son las mismas prácticas culturales encarnadas en los cuerpos, que van “in crescendo”, intensificándose, en donde el miedo a la pandemia no es la base del miedo, sino que es un agravante al miedo que ya se tenía.

Al final, volvemos a la interrogante: ¿De qué libertad hablamos, cuando defendemos nuestra libertad? ¿Realmente hay una relación dialéctica en la defensa de estas dos, colocando una balanza de cuál importa más? ¿Qué vidas importan más y en qué momento?

Desde mi percepción, estos dos polos no lo podemos ver como una dialéctica, o una lucha entre un binarismo excluyente, pues no hay una contraposición entre uno y otro, porque, como se ha comentado, el neoliberalismo es más que un sistema económico; también es una propuesta de estructura de sistema, y de sistema de valores-prácticas culturales, que bien se entrelaza en conjunto con el patriarcado.

Lo interesante de aquí es que el poder, que a través del aparataje ha hecho creer que estas diferencias son opuestas por naturaleza -económica-, cuando no lo son, y que más bien es un entramado más complejo, es todo un sistema cultural. Que la dominación ejercida pone dos categorías de pensamiento en base a una diferencia y contraposición ontológica y de orden metafísico, que explica -una parte de- la dominación y el camino a tomar para salir de aquello.

Las relaciones asimétricas se ven tanto en lo económico, pero también en lo del género, en la relación etárea, en la racial, en la nacionalidad. Todas se entrelazan, todas se interseccionan.

Quizás solo me estoy equivocando, confundiendo las cosas, hablando desde “la guata”. Pero, aun así ¿Desde qué posición estamos hablando? ¿pensamos en el dolor y el sufrimiento cuando reflexionamos sobre otra cosa que no es la vida, en estos contextos críticos?


[1] Guattari, F., & Rolnik, S. (2005). Micropolítica. Cartografias do desejo. Petrópolis: Editora Vozes.

[2] Paul B. Preciado. (28 de marzo, 2020). Aprendiendo del Virus. El País. Recuperado de: https://elpais.com/elpais/2020/03/27/opinion/1585316952_026489.html

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