EDITORIAL

Acuerdo Nacional, manotazos de ahogado

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Si pudiéramos resumir en pocas palabras lo que ha caracterizado a la administración de Piñera, estamos sin dudas ante un gobierno errático, elitista, sin capacidad de diálogo y con una desconexión absoluta con la ciudadanía. Su manejo frente a las protestas de octubre fue desastroso, la estrategia de contención del coronavirus ha resultado catastrófica. Después de mantener polarizado por meses el rol de la oposición, ahora hace un llamado a un “gran acuerdo nacional” para enfrentar la pandemia. Esto, en la misma semana en que su Ministro de Salud reconoció que las proyecciones en relación al COVID-19 en Chile se habían desmoronado como un castillo de naipes, según las declaraciones del propio Mañalich. 


Los Acuerdos Nacionales son una herramienta útil para la discusión y la búsqueda de consensos sobre distintas políticas de estado, pero que siempre involucran un compromiso en el tiempo.  En su primer discurso como mandatario el día 11 de marzo de 2018, Piñera anunció cinco grandes Acuerdos Nacionales: por la infancia, por la seguridad ciudadana, por una salud de calidad, por la “paz” en La Araucanía y para alcanzar el desarrollo y derrotar la pobreza durante los próximos ocho años.  Ninguno de estos monumentales anuncios tuvo un trabajo desarrollado después. Quedaron en eso, sólo en anuncios.


¿Es posible que, si se hubiesen realizado reformas en áreas clave para el beneficio de la ciudadanía en general, no se habría producido un estallido social como el que vimos en octubre? Queda para la imaginación, pero lo relevante es que no se trata de una cuestión de si el programa es de izquierda o de derecha, aquí simplemente se faltó a las promesas con que convencieron al electorado.


Aún después de asumir el fracaso de la estrategia para combatir el COVID-19 y de reconocer en televisión que se han cometido errores y que realmente no estaban preparados para enfrentar esta pandemia, aún no existe un canal de comunicación efectivo con científicos, especialistas y el Colegio de Médico, entre otros. Tras tres meses de erróneas medidas, recién esta semana se percataron que su sistema de seguimiento y trazabilidad de los casos falló totalmente.


Esto se evidencia en que, por ejemplo, el 30 de mayo se informó que Renca tenía 9 fallecidos, número que fue rebatido por el municipio, que indicó que a esa fecha  lamentaban 33 fallecidos, de los cuales 11 aún no tenían el resultado del test PCR. Al 31 de mayo había una diferencia de fallecidos del 144% más de lo que indicaba el Minsal. Incluso algunos municipios ya se están capacitando para utilizar el software “Centinela”, que  fue desarrollado por el servicio de salud primaria de Renca para  el manejo de datos


Otra falsedad que se ha repetido por parte del Presidente es que la pandemia nos golpea a todos por igual. Si un vecino, digamos un adulto mayor de Renca tiene contacto estrecho con un contagiado o resulta positivo, tendrá que aislarse en una pequeña pieza donde probablemente duerma más gente, esperando no tener mayores síntomas, dependiendo de la ayuda de vecinos o familiares, de las ollas comunes, o en último caso, del municipio.


Por otro lado, una persona con un nivel adquisitivo mayor no tendrá problemas en aislarse en un mejor espacio, sin preocuparse por  la escasez de alimentos, podrá  pagar una clínica con los mejores especialistas. El terror de la pandemia se siente  en nuestros barrios: la amenaza de caer en una urgencia donde el último ventilador mecánico es disputado por  una persona 30 años con uno mayor de 70.


La estrategia, supuestamente “mejor que la de Italia y España” para el manejo del Coronavirus  ha sido deficiente y tardía, donde nuevamente son los pobres los que pagarán duramente los errores del Gobierno. Con este escenario, la oposición ha sido presionada para sumarse a un nuevo “acuerdo nacional” en el que no hay espacio para discutir la letra chica o presentar mejoras a las propuestas, “por que el tiempo es corto y los pobres no pueden esperar”. Bueno, llevamos esperando acciones desde febrero de este año que no se van a subsanar con una caja de mercadería o un bono de $45 mil.


En resumen, se trata de otra acción errática de un gobierno que da manotazos de ahogado para compartir sus responsabilidades y culpas. Lo peor de todo, es que ya tenemos  antecedentes de que quienes serán los que le lancen un salvavidas. No sería, en todo caso, la primera vez. 


El Director

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