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El adiós al DT: Emilio Henríquez, toda una vida al deporte Rey

Emilio Henríquez Tobar (1945 – 2020)

A mediados de los 60’s, el ambiente futbolero está más encendido que nunca. En las – para entonces – escasas radios a transitor aún suena fuerte El Rock del Mundial y la asociación que agrupa a los clubes amateur de Renca es la más grande del continente. Títulos, canchas llenas, estrellas locales y traspasos de jugadores eran parte del cotidiano de una comuna que semana a semana vivía y vibraba al máximo con el andar del balón.


Por esos años, y después de haber tenido un paso por el club Santa Rosa, llega al Deportivo A.C Milán un nuevo refuerzo. El esforzado lateral izquierdo se llama Emilio Henríquez. Es un jugador joven, que viene sin chapa ni de promesa ni de crack, pero que con el tiempo dejaría su marca en la historia del equipo y del fútbol renquino.


Al poco andar, sin embargo, el destino le tendría un gran obstáculo por delante. Una noche, mientras caminaba de vuelta a su casa fue abordado por dos sujetos con la intención de robarle, resultando gravemente herido con varias puñaladas encima. Más allá del dolor de las heridas, Emilio piensa desde su cama en el hospital en el próximo partido, que por supuesto no podrá jugar. Lamentablemente ganó el acero y desde ahí no quedó otra opción que colgar los botines en forma definitiva.


Después de meses devastado por el dolor y la pena de no poder volver a pisar una cancha, Emilio comienza a cumplir con otras labores de apoyo en el Milan. De a poco comienza a dar consejos y ánimo desde la línea lateral a los jugadores, convirtiéndose en una especie de Director Técnico no oficial. Si bien los equipos en ese tiempo contaban con una buena organización, los aspectos técnicos y tácticos siempre estaban en segundo plano.


Poco tiempo después, con el diario bajo el brazo el Profe ya se pasea raudo por las polvorientas canchas de Renca. Es su retorno al fútbol, pero ahora como flamante estratega del Milan. Aunque al principio prima la inseguridad y el marcador por varias semanas no acompaña, el carácter fuerte y las órdenes claras de Emilio terminarían dando vuelta la balanza, ganándose definitivamente el puesto. No tuvo que pasar tanto tiempo para que comenzara a imponer su estilo en un equipo con hambre de títulos.


Aunque – como todo futbolero – buscaba ganar, fue un ferviente defensor del buen fútbol y el toque, prefiriendo siempre a los jugadores más técnicos, antes que los hacheros. Quienes no cumplían con la exigencia de puntualidad o no respetaban a sus compañeros y la hinchada, quedaban fuera del próximo partido. Mientras el mundo futbolístico abrazaba el cerrojo y el pelotazo largo, Emilio seguía fiel a la escuela lírica y el fútbol ofensivo.


Con rigurosidad táctica y trabajo duro marcó a sus jugadores, y se hizo querido y respetado entre los rivales. Paradójicamente, desde el borde de la cancha fue donde vivió más alegrías y desgracias, copas y robos arbitrales. Es decir, la vida misma.


El también conocido como “Negro Emilio”, cuyas raíces se remontan a la zona del cajón del Maipo, tuvo que afrontar a temprana edad la muerte de sus padres y uno de sus hermanos. Con cerca de veinte años llegó con su esposa a Renca, una comuna entonces semi-rural que según él mismo decía lo había enamorado. Junto al cerro se terminó quedando, en parte por que había más trabajo para un baldosero y en las canchas la pelota no se detenía. Esa pasión la terminó heredando a sus tres hijos, nietos, bisnietos y jugadores que le tocó formar.


El pasado 20 de junio, a los 75 años de edad, falleció a causa del COVID-19. Por las calles de Renca desfiló su cortejo fúnebre, desde la Huamachuco hasta la cancha y de ahí a la población Aníbal Pinto, donde está la mayoría de los Milaneses. Fuegos artificiales, cánticos y banderas rojinegras acompañan su despedida. A los pocos minutos, la carroza retoma su andar inevitable y se pierde a lo lejos, bajo el cielo nublado de un día triste para el deporte Rey.

por Rodrigo Saavedra

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