OPINIÓN

Ollas comunes, expresión de‏ rebelión y resistencia

Las miles de ollas comunes que se han organizado de parte de los pobladores y pobladoras en distintas partes de nuestro país han sido probablemente la  medida auto-organizativa más efectiva para enfrentar el hambre. Si bien el ejemplo más inmediato son las que surgieron en dictadura, lo cierto es que ha sido una herramienta que en distintos períodos de crisis en nuestra historia ha tenido que usarse. De hecho, eso es una prueba más de la fragilidad de nuestro sistema.


Así, hay una historia cargada de emoción que proviene de nuestros padres y madres, abuelos y vecinos, quienes llevan hasta hoy en sus manos las huellas de todo este trabajo comunitario.


Las más de 90 ollas comunes que hoy se realizan en Renca son desarrolladas por distintos actores. Juntas de Vecinos principalmente, pero también organizaciones culturales, deportivas, religiosas y sociales. Por otro lado, han sido vecinos y vecinas que sin necesidad de actuar bajo un nombre, han impulsado comedores solidarios en sus respectivos barrios. También estas ollas llevan, principalmente, rostro de mujer. Han sido ellas quienes en general han liderado y ejecutado el arduo trabajo de combatir el hambre por medio de su trabajo colectivo y desinteresado. 


Las labores comienzan muy temprano con la escarcha del invierno. Hay que hacer compras, organizar, cocinar y muchas veces repartir. Las y los dirigentes saben quiénes ya vinieron, pero también quiénes faltaron por ir por su colación. Si una persona no llega, van a preguntar por qué y si es que necesitan algo. Situaciones así se han vuelto un cotidiano, y tal como durante el levantamiento social nos conocimos y reconocimos, la olla común ha servido para seguir construyendo comunidad y población. De sus historias nos podrán hablar hoy y mañana sus protagonistas, en primera persona. Hoy es un deber cooperar y agradecer.


Son hoy la resistencia frente a las consecuencias que está dejando esta pandemia, pero por sobre todo son resistencia frente a las medidas de precarización social en que nos ha dejado esta gestión de gobierno. No sólo hubo malas decisiones de salud que costaron vidas, sino que ha habido una negativa permanente a legislar para proteger a la clase trabajadora.


Se ha propuesto una agenda para la mal llamada “clase media” basada en el endeudamiento (desconociendo lo ya endeudas que estamos las familias) y un ingreso de emergencia que no asegura un piso mínimo para vivir con dignidad. Esta y otras medidas provocan que muchos tengan que seguir exponiéndose en medio del contexto de pandemia, a veces incluso arriesgando sus vidas.

“Tal como durante el levantamiento social nos conocimos y reconocimos, la olla común ha servido para seguir construyendo comunidad y población”


Por otro lado, las ollas contienen un sentido de rebelión frente a las formas en que ha operado el sistema neoliberal en Chile. Es decir, poniendo a la iniciativa privada como la base de la sociedad, relegando al Estado a una expresión mínima. Pero este modelo también trae consigo un sistema de valores: el individualismo, la competencia despiadada, el “sálvese quien pueda”. La olla común, por el contrario, nos lleva a entender la solidaridad de clase como algo fundamental, en donde la población es la que se organiza para resolver un problema común. 


Renca y sus barrios están cargados de historia popular, y mucho tenemos que aprender de sus protagonistas pasados y presentes. Las ollas comunes ya son parte de su ADN de resistencia y rebelión. Pero por más poético que algunos lo puedan encontrar, lo cierto es que nadie debiese tener problemas para comer. Esto nos recuerda la urgencia por avanzar hacia la construcción de un Estado presente y con capacidad de acción, un sistema económico y social distinto y una Constitución que asegure derechos para todos y todas. 


La fórmula “hambre más dignidad igual ollas comunes” que titula el libro sobre la materia de la antropóloga Clarisa Hardy lo resumen muy bien. Mientras haya hambre, habrá ollas comunes. Dignidad ya tenemos de sobra. 

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