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Redescubriendo la vida del Cerro junto a Renca Nativa

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Desde muy pequeños, para quienes hemos crecido cerca del cerro ha sido una constante escuchar que en los cerros no hay nada, solo rocas y maleza. Como si fuera una extensión de nuestro patio, en Septiembre ahí se celebran las fiestas patrias, dicen que es el hogar del mítico Cabeza de Chancho y el lugar donde Don Emilio cayó en desgracia al no encontrar oro ni piedras preciosas en su famosa cueva. Pero realmente… ¿eso es todo lo que sabemos de los cerros de Renca?


Desde que explotó la emergencia por la pandemia mundial, ésta ha cambiado fuertemente nuestra cotidianidad. El encierro y la dificultad nos ha hecho extrañar y valorar el salir y tener contacto con la naturaleza. Misma que muchas veces es ignorada y se pasa por alto. No olvidemos que en época de navidad y vacaciones llegamos a tener Centros Comerciales con aforo de 7.000 personas, mientras que los Parques Nacionales no podían recibir a más de 100 visitantes por día.

Desde el mes de enero y todas las mañanas de viernes de febrero, la agrupación Renca Nativa junto al patrocinio del municipio de la comuna, ha organizado estos recorridos de observación y aprendizaje de la naturaleza en los Cerros de Renca. Alexis Ceballos, Director de ONG Renca Nativa señala que esta actividad tiene por objetivo difundir el conocimiento de la biodiversidad del lugar, incorporando elementos de investigación propios y también de la cultura local.


Luego de unos minutos para las instrucciones básicas, la entrega de guías de campo con ilustraciones de las aves del cerro y de binoculares, comienza a paso firme la caminata. Entre los participantes hay entusiastas de la naturaleza y profesionales de distintos lugares del país, varios de los que se impresionan con la información y el escenario natural. “Está al mismo nivel de otras salidas de observación que encuentras en un parque natural o reserva de otras partes de Chile”, dicen.

Aunque cada viernes el recorrido incluye alguna variante, la ruta tiene como referencias el rehue, la cueva de Don Emilio, lo que queda de las hollywoodenses letras gigantes y propia cumbre del cerro.


Entre las aves que se pueden divisar en altura están el majestuoso Cóndor, el Halcón peregrino, el Aguilucho y el Águila. En las zonas donde hay más follaje suelen habitar Carpinteritos (Veniliornis lignarius), Loicas (Sturnella loyca), el diminuto Fio-fío y el Cernícalo (Falco sparverius). En total, son 52 las especies de aves que transitan o viven en estos cerros. Cerca de 48 de ellas son nativas y están en proceso de investigación y documentación por parte de esta agrupación medioambiental.


La presencia de estas aves, cúspide de la cadena alimenticia, da cuenta de que se trata de un ecosistema que ‘funciona’, donde cada especie depende de la otra para vivir. Sin las semillas del espino, por ejemplo, no podría sobrevivir un roedor como el Degú, sin el cual no podrían alimentarse las águilas. Si bien las cadenas alimentarias naturales no son rígidas, la alteración de un eslabón puede afectar seriamente el desarrollo y sustento de las especies.


Esto se hace más relevante si consideramos que los cerros de Renca no tienen una conexión natural directa con otros espacios silvestres de la zona norte, estando rodeado completamente por la mancha gris de la ciudad. Con la excepción de las aves, la mayoría de la fauna que persiste en el lugar se encuentra en una suerte de claustro ecológico.

En cuanto a especies vegetales, no existe un lugar en la Zona Central con mayor concentración de Guayacanes (porlieria chilensis) que en el cerro Renca. Este árbol, considerado en serio peligro de desaparecer por los expertos, es capaz de generar un microclima en su interior gracias a su frondosidad que atrae y mantiene a otras especies. Una dificultad extra se presenta si consideramos su baja capacidad para regenerarse, debido a que su desarrollo tarda cientos de años y la mayoría de está en proceso de envejecimiento. Con un poco de humedad, cuidado y mucho, mucho tiempo, esta especie de dura madera y resina medicinal quizá tenga una nueva oportunidad.


Junto a los guayacanes también es posible encontrar el Huingán (Schinus polygamus), el Molle o los clásicos Espino de cerro (acacia caven).  Pese a que han sido depredados para leña y otros usos, son una pieza clave para especies que no pueden vivir sin su humedad o frutos. Lamentablemente, hay quienes no conocen ni valoran la importancia de éstas especies. Hace sólo un par de meses, una máquina arrasó al menos 10 espinos y huinganes en la otra cara del cerro.


Alexis relata que antes de la llegada del proyecto inmobiliario Lo Campino, ese sector era un amplio humedal conocido desde tiempos ancestrales. Además de los rellenos sanitarios creados para recibir la basura de la capital en expansión a mediados del siglo XX, hoy se están realizando nuevos movimientos de tierra con fines desconocidos, pero posiblemente para construir nuevos edificios. El municipio de Quilicura, dice, desconoce o hace la vista gorda de lo que ahí ocurre.

En el sector de Lo Campino, de hecho, se está construyendo una nueva etapa de dos edificios de 10 pisos en 101 hectáreas de falda de cerro, que arrasó con poblaciones completas de iguanas y lagartijas, varias de las cuales no se podrán recuperar. A 300 metros de ahí, y como otro tema inconcluso y sin respuesta de las autoridades, las piscinas abiertas del ex-vertedero siguen contaminando las napas subterráneas con líquidos percolados que afectan la vida natural y la agricultura de los alrededores de Santiago.


Pese a las múltiples denuncias ante la Seremi de Medio Ambiente y las campañas municipales para enfrentarse a la “mafia de basura”, muchas empresas siguen pagando para que sus desechos sean arrojados en alguna falda del cerro. A esto debemos sumar la propia acción de las personas, que ha afectado de manera terminal a muchas especies. Las vizcachas (Lagidium viscacia) por ejemplo, también las hubo en grandes números hasta principios de los 90s, pero fueron cazadas hasta desaparecer.


Mismo destino tuvieron las puyas o Chaguales, plantas conocidas por su capacidad para autocombustionar y para atrear mariposas, que se utilizaba para preparar ensaladas y otros alimentos y que en el cerro ya no es posible encontrar debido al indiscriminado consumo humano.

A lo largo del recorrido, los niños son quienes se llevan la corona en participación, realizando preguntas y viendo la naturaleza desde otra perspectiva. Al llegar a la cumbre Roberto, Stefano y Alexis encienden un parlante y comienzan a mostrar sonidos de aves, a ver si los asistentes pueden aventurarse a decir cuál es cuál. Para la mayoría estos sonidos son indistinguibles, pero para Franco de 9 años, es una tarea sencilla. Sin dudar un segundo, acierta en casi todos los casos, para sorpresa del resto de los asistentes.


Giselle, su tía, comenta que Franco en sus tiempos libres no usa celulares ni tablets sin supervisión de un adulto. Le gusta ver videos de naturaleza y el programa Wild Chile es su favorito, Cuando va al sur, con su padre salen a caminar al bosque donde ven aves e identifican sus sonidos. Siempre que pueden, salen a excursiones o visitan parques.

Desde la cima se baja recogiendo la basura que se encuentra en el camino. Hay desde botellas y latas de cerveza, hasta cables, mascarillas, hilo curado de volantín y otros plásticos. Pese a que suben todos los viernes, siempre se encuentra basura en un lugar que había sido limpiado con anterioridad.


Como vecinos de la comuna y habitantes de la ciudad, no sólo es importante conocer el cerro, que está lleno de vida, si no también participar activamente de su cuidado. Parte de ello implica pequeñas acciones como dar aviso en caso de notar que se está arrojando basura o escombros en los alrededores, concientizar sobre el uso nocivo de vehículos como las motos, que no sólo provocan erosión y contaminación acústica, también destruyen nidos y refugios animales. Comprender las desventajas que trae una expansión descontrolada de la industria inmobiliaria que no considera medidas adecuadas de mitigación ni reparación ambiental, pero que pese a todo sigue devorando todo a su paso.


El viento sopla sobre las laderas del cerro y saca un sonido suave al oleaje de los pastizales y de las ramas de un pequeño Guayacán. Si este precioso equilibrio biológico ha logrado sobrevivir por siglos a sus múltiples amenazas, debemos asegurarnos de que las futuras generaciones puedan contar con este espacio lo más conservado posible. Con conocimiento, voluntad y respetando la grandeza de la naturaleza, los cerros seguirán siendo, bajo la mirada de los cóndores, un lugar lleno de tesoros y vida.

Renca Nativa realizará la próxima semana su última excursión de Observación y Aprendizaje de la Naturaleza en los Cerros de Renca. Sin embargo, tienen proyectadas realizar nuevas actividades dentro del año, por lo que te recomendamos seguir atento sus redes sociales.
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