CRÓNICA

La primera noche del campamento Esperanza

No había salido el sol y ya tenían clavada la primera estaca. Tras varias noches de reunión y preparativos en los remanentes de la toma en Cerro Navia, la avanzada del campamento Esperanza ya había montado las primeras carpas en las faldas del Cerro Renca y Lo Ruiz, frente al sector de Huamachuco.


Los primeros en llegar al lugar fueron el personal de seguridad comunitaria del Municipio, quienes levantaron un primer catastro: 45 personas, 10 de ellos de nacionalidad extranjera y 16 menores de edad. No pasaron muchas horas para que llegara una retroexcavadora a dragar cuatro zanjas para evitar el paso de vehículos, que sin embargo siguieron subiendo sin problemas.


Antes de que se pusiera el sol en la Huamachuco (como siempre, una hora antes que en el resto de la comuna) los toldos y ocupantes ya se habían duplicado.


Marcelo, vocero de la toma no suelta su celular. La coordinación de las donaciones que llegan y el contacto con Carabineros están a su cargo. Criado en la población Valle de Azapa de Renca, se movió por diversas comunas hasta que la pandemia lo forzó a vivir como allegado en Melipilla. Cuenta que la gran mayoría de las familias proviene del campamento Violeta Parra de Barrancas, que sufrió un catastrófico incendio en noviembre del año pasado que arrasó con cerca de 60 viviendas.


— En diciembre le dieron soluciones a más o menos 400 familias, siendo que eran muchos más los que estaban en la toma. Fueron 75 los que no calificaron para el proyecto que se construirá y fueron desalojados. La mayoría de ellos están acá.


En las redes la noticia corrió rápido. Bastó con que una vecina publicara “¿se dieron cuenta la cantidad de gente en el cerro? Ahora pasé y parece que llegó la tele” (sic) en un grupo de Facebook de la comuna para que comenzara el debate. Que el gobierno les privilegiaba por ser extranjeros, que macheteaban en las ferias y que querían todo gratis, comentaron algunos. Marcelo rechaza todos esos calificativos.

El campamento recibió una donación por parte de un sindicato que les ha permitido abastecer su olla común. El Párroco y la junta de vecinos Huamachuco también comprometieron ayuda.


— La gran mayoría somos chilenos, pero hay haitianos, venezolanos, peruanos. Todos compartimos y nos respetamos como iguales. Lamentablemente la gente pasa, mira y tiene sus prejuicios. Sería bueno que ellos y las autoridades se pongan la mano en el corazón y entiendan que esto no es por gusto ni capricho si no por necesidad.


Meciendo a su bebé de cinco meses para que pueda conciliar el sueño, Muriel relata que vivió su infancia y juventud al frente, en la Huamachuco, pero el precio de los arriendos y la falta de empleos por la pandemia no le dejó otra opción que dejar su casa y trasladarse al cerro.


Con sus dos hijos, fue parte del grupo que durmió cuatro días a la intemperie para asegurar el terreno antes del levantamiento de las tiendas. A diferencia de la mayoría de quienes hoy ocupan ese sector del cerro, esta es la primera vez que vive en un campamento.


— Simplemente no podía seguir pagando. Estoy cesante, soy mamá soltera y no tengo otro lugar donde quedarme. Me enteré que se formaba esto y pregunté si me podía integrar. Como hay reglas claras y sé que va en serio, me sumé.


Deliverance tiene 29 años y hace cuatro que no ve a su hijo. Pocos días después de que nació, tuvo que dejarlo junto a su madre en Haití para emprender un largo viaje con destino a Chile. Pasó por cuatro aduanas, diversos empleos y vivió con amigos en distintos conventillos del centro de Santiago. El alto costo de los arriendos, sin embargo, lo empujó a tomar su mochila, un polerón y caminar en dirección donde amigos le indicaron se formó la nueva toma.


Como no tenía carpa, durmió donde le prestaron y comió lo que le dieron. El lunes, espera, se reanudará la construcción de un edificio en Ñuñoa donde estaba trabajando con lo que tendrá para colaborar con la olla común del campamento. Contando los días para obtener la residencia definitiva, Deliverance tiene la ilusión de que tendrá un lugar donde recibir a su familia de Haití, a quiénes envía gran parte de sus ingresos.


La falda oriente del Cerro Renca sabe lo que es albergar campamentos. Además de los ‘fundacionales’ surgidos a fines de los 60’s cuando la viña El Carmen todavía pertenecía a Quilicura, en el lugar persistió por años un asentamiento con alrededor de 300 familias, y que llegó a contar con una sede social, plaza y empalme eléctrico propio.

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La toma Esperanza este sábado por la tarde. En sólo 24 horas la cantidad de personas que pernoctan el lugar se ha duplicado y no descartan que se sumen más. Imagen: elradarrenca.cl


En junio de 2003, tras cuatro días de lluvia ininterrumpida en la capital y con la amenaza latente de un aluvión que arrasara con el campamento, se dispuso el traslado de emergencia de los pobladores a sus viviendas definitivas aún en construcción, en el sector de Tucapel Jiménez II. Algunas horas después de subirse a los buses y botes inflables, vino el barro. Grandes masas de lodo y piedras se llevaron consigo más de la mitad de las casas del campamento.


Desde el Estallido a la actualidad han surgido 33 nuevos campamentos en la Región Metropolitana, calificados como “megacampamentos” por su cantidad de familias y hectáreas que abarcan.


Ejemplo de esto son el Campamento Naciones Unidas junto al Estero Colina, la toma El Pajonal en Cerrilllos (desalojada hace escasos días para construir un parque) y el de la Autopista del Sol, apodado pequeña Puerto Príncipe, entre otros. De hecho, tres cuartas partes de la población total de campamentos está concentrada en los 10 más importantes.


Sólo en el Violeta Parra llegaron a vivir más de 400 familias en un área de 59 hectáreas sin agua potable ni servicios, y arrastrando el estigma de ser un barrio peligroso y capturado por el microtráfico.


Las cosas serán distintas en este nuevo lugar, dicen los organizadores. Además de respetar los horarios de toque de queda, está prohibido tajantemente el consumo de alcohol y drogas y solicitan a las familias que pernocten en el lugar. Varios admiten su miedo a una toma prolongada o a un eventual desalojo de Carabineros, que podría ocurrir la próxima semana si es que la Fiscalía, acudiendo a la solicitud del Seremi de Salud aprueba la desocupación forzosa del lugar.


Con la llegada de la olla común que les prepararon en una sede cercana, el ánimo se recompone un poco. Sin saber cuantas noches más tendrán que permanecer ahí, los ojos trebolados de Muriel se vuelven más brillantes cuando es consultada por lo que espera para el futuro.


— Esperanza. Al final del día, eso es lo único que nos queda.

¿Cómo ayudar a las familias del Campamento Esperanza de Huamachuco?(Ubicación)

Sólo se reciben aportes en víveres

Se necesitan:

— Bidones de agua
— Alcohol gel
— Guantes quirúrgicos
— Mascarillas
— Bloqueador solar
— Bolsas de basura

Contacto donaciones: Mauricio +56977890593

Las familias solicitaron explícitamente que los candidatos a concejal o constituyentes pueden concurrir a dejar sus aportes, pero como personas naturales y no con fines electorales, o no serán bien recibidos. “Si quieren aportar, que no lo hagan por una foto”, agregaron.

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